Es en esos momentos de mayor flaqueza, en el que estamos a punto de precipitarnos a lo más hondo, cuando necesitamos que nos inyecten esas dosis de alegría en vena... de ganas de vivir. ¿Tenéis ganas de vivir? Yo sí, pero tengo tan descuidadas mis baterías que apenas puedo andar.
Me cuesta respirar, me falta el aire. Necesito de mi droga más preciada, y yo... no la encuentro.
Mis cimientos se tambalean por enésima vez en mi vida, pues el que construyó esos pilares era un incompetente. No sé en que creer, pues ni de mi mismo me fío. Necesito desconectar, pero a lo grande. No tener preocupaciones venideras, no importarme nada ni nadie. Tengo que dejar de otorgar a las personas, el privilegio y el poder de destruirme completamente, aunque solo sean unas pocas.
Nadie tiene porque tener ese derecho, aunque no lo usen. Nadie.
A veces a uno se le escapa de las manos otorgar ese derecho aunque no quiera. También depende de en qué manos esté ese derecho.
ResponderEliminarRecarga esas pilas. No te quedes en standby.
Un saludo y suerte.