domingo, 18 de diciembre de 2011

¿De qué sirve andar?


¿Alguna vez habéis tenido un deseo tan intenso que no hayáis podido dormir en días? ¿Alguna vez habéis soñado tanto con algo que os levantáis cansados, como si vuestro cerebro hubiera estado funcionando más por la noche que por el día? Yo sí, en su día, por algo que vi necesario en su momento para seguir evolucionando como persona: cambiar de aires.

No pretendo haceros entender la importancia que me es el no sentirme arraigado a ningún lugar; el buscar no sólo experiencias nuevas, sino el recopilar todas las que pueda antes del cese de mis días… aunque suele demasiado solemne y gravoso decirlo.

 Pretendo dejar constancia del punto de partida donde entra en acción ese famoso programa de movilidad Erasmus, tan mencionado en este blog antaño… y caído en el olvido en su día. Lo rescatamos del cajón de anhelos frustrados, lo desempolvamos y volvemos a preguntarnos qué maravillosas anécdotas nos podría preparar. La posibilidad de visitar un destino situado en el otro extremo de Europa; con costumbres, parajes y temperaturas tan distintas a las nuestras… no se torna ya lejana sino como una como otra cualquiera; una a tener en cuenta si quiero seguir llevando las riendas de mi vida.

Tristemente, persigo o idealizo varias utopías en esta vida… no solo a nivel gubernamental –como también creo haber dejado patente por estos lares-, sino a un nivel que toca todas las fibras que conforman mi vida así como mi futuro. No comparto la idea de trabajar cual robot el día de mañana, formas una familia común y morir pagando deudas y una hipoteca, ahorrando lo poco que sobre del sueldo mensual para dárselo al retoño de turno y regalarme un viaje o un capricho consumista de vez en cuando por eso de “no ser un mero instrumento estatal”.

Busco la libertad en un paso más lejano, cosa que no sé si conseguiré pero al menos lucharé cada día para intentar alcanzarla o al menos tocarla con los dedos. Busco vivir el día, perseguir lo que me haga feliz en cada momento… buscar el cambio, es decir, lo que me haga no destacar sino ser diferente de todos. He visto lo de trabajar por mera riqueza y no sirvo para eso… caería presa de la locura en un manicomio antes que currar en algo que no siento con el corazón.

Lo que deseo es que a medida que avanzo en la vida, pueda alzar la vista atrás y mirar las huellas que he dejado en el barro con mis botas; y ver que son profundas y bien definidas… y que están ahí porque yo así lo quise. Porque caballero, ese barro se quedará impregnado en mis pies el resto de nuestros días y no se podrá limpiar. Por eso, ya que hemos de avanzar inevitablemente, si no caminamos por donde queremos… ¿entonces, de qué sirve andar?