miércoles, 26 de septiembre de 2012
sábado, 22 de septiembre de 2012
Letters from the flattened land
Estimado Sr. Ian:
Hace mucho tiempo que no hablamos, ruego me disculpe. He estado ocupado intentando encaminar mi vida. Usted ya sabe como están las cosas por aquí y no es fácil labrarse un futuro estando rodeado de tantos factores externos que afecten a la realización propia.
Anoche, hablando con unos conocidos, volví a soñar despierto. Parece que mi mente quiera jugar conmigo, varias veces al año me asalta esa idea a la cabeza con más fuerza.. y es en esos días señalados dónde no puedo controlar mi impulso.
Quiero volar. Aún recuerdo cuando cumplí la mayoría de edad y puse sobre la mesa a mis progenitores la idea de hacerme surcador del cielo. Cuando expresé conscientemente esa necesidad que tenemos algunas personas, como usted, de emprender el viaje; de vivir día a día atravesando nubes, superando tormentas y teniendo las mejores vistas posibles que podamos ver en este planeta.
El cielo es infinito, es intangible, etéreo, harmonioso. Es aquello por lo que personas célebres en esta vida, como Da Vinci, suspiraron cada minuto que pasaron a ras de suelo. Me apena volver a sentir que mi lugar no está aquí. Buscas darlo todo por la gente que te importa, pero no ves una valoración positiva y eso cansa. ¿Usted también se acuerda de ese sentimiento verdad? Pero yo me desentendí del problema, como siempre. Usted supo resolverlo y ahora está a miles de kilómetros sobre el cielo.
Me apena haber tomado una senda distinta a la suya, me duele aunque sé que no podría haberla realizado. Los medios económicos tampoco lo permiten, y es que el mayor placer que existe en esta vida se paga caro. Los sueños son difíciles de alcanzar para todos.
En fin, espero que no le haya molestado que compartiese de nuevo mi asfixia con usted. Espero le sirva al menos para que si en algún momento flaquea o duda de lo bonito de su profesión, recuerde que es uno de los pocos seres humanos que tiene la suerte de decir que es capaz de volar, como una golondrina.
Por otra parte, espero verle pronto. Ahí arriba, o aquí abajo.
Un saludo.
Hace mucho tiempo que no hablamos, ruego me disculpe. He estado ocupado intentando encaminar mi vida. Usted ya sabe como están las cosas por aquí y no es fácil labrarse un futuro estando rodeado de tantos factores externos que afecten a la realización propia.
Anoche, hablando con unos conocidos, volví a soñar despierto. Parece que mi mente quiera jugar conmigo, varias veces al año me asalta esa idea a la cabeza con más fuerza.. y es en esos días señalados dónde no puedo controlar mi impulso.
Quiero volar. Aún recuerdo cuando cumplí la mayoría de edad y puse sobre la mesa a mis progenitores la idea de hacerme surcador del cielo. Cuando expresé conscientemente esa necesidad que tenemos algunas personas, como usted, de emprender el viaje; de vivir día a día atravesando nubes, superando tormentas y teniendo las mejores vistas posibles que podamos ver en este planeta.
El cielo es infinito, es intangible, etéreo, harmonioso. Es aquello por lo que personas célebres en esta vida, como Da Vinci, suspiraron cada minuto que pasaron a ras de suelo. Me apena volver a sentir que mi lugar no está aquí. Buscas darlo todo por la gente que te importa, pero no ves una valoración positiva y eso cansa. ¿Usted también se acuerda de ese sentimiento verdad? Pero yo me desentendí del problema, como siempre. Usted supo resolverlo y ahora está a miles de kilómetros sobre el cielo.
Me apena haber tomado una senda distinta a la suya, me duele aunque sé que no podría haberla realizado. Los medios económicos tampoco lo permiten, y es que el mayor placer que existe en esta vida se paga caro. Los sueños son difíciles de alcanzar para todos.
En fin, espero que no le haya molestado que compartiese de nuevo mi asfixia con usted. Espero le sirva al menos para que si en algún momento flaquea o duda de lo bonito de su profesión, recuerde que es uno de los pocos seres humanos que tiene la suerte de decir que es capaz de volar, como una golondrina.
Por otra parte, espero verle pronto. Ahí arriba, o aquí abajo.
Un saludo.
lunes, 17 de septiembre de 2012
Pink elephant
Como futuro intento de abogado, intento ver la equidad en las cosas. Como futuro picapleitos, intento analizar las cosas desde varios puntos de vista para que no me coja desprevenido cualquier acontecimiento inesperado. Como futuro tiburón social, prefiero morder antes que ser mordido; jugar con ventaja siempre que pueda... Desconfiar del mundo, pues nunca me ha dado la mano. Ni él, ni las personas que habitan en su seno.
Por ello, estoy echando un pulso con el destino. Yo me hago el imbécil y bonachón, y soy el perro más dócil, fiel y cariñoso que podrás tener como mascota; pero no olvido mis raíces de canis lupus. Sé morder. El mundo se habituará a esa forma, a un animal amaestrado para convivir para con los cánones de esta sociedad. Prometeré el oro y el moro sin temor a faltar a mi palabra; porque el día de mañana lo conseguiré, o el objetivo de mi promesa no era merecedor de tal privilegio.
Piensa en la situación como el tabaco. Sabes que es malo, que te destruirá por dentro, que sobre el papel te lo advierte pero no eres consciente de lo perjudicial para tu organismo. ¿Y una vez enganchado, lo dejarías? Te aseguro que no. Ya lo hice una vez y una parte de ti muere -aunque paradójicamente fueres a vivir más-. Es muy duro y de entrada no reconocerás el beneficio de quitártelo de encima. Así comparo yo este pelaje que cubre mis inviernos.
Porque en noches como esta en las que los engranajes de mi cabeza giran más rápido que cualquier viaje en el tiempo del Doctor, es donde veo claro que no soy yo el tabaco sino el fumador empedernido que se aferra al cigarrillo de despedida, a la última calada antes de que el sol salga e inunde todo de esa aparente luz y calma con la que engaña a las personas...
Push & pull output
El juego ha sido divertido. Hemos perfeccionado hasta límites insospechados la resistencia y perseverancia gracias a lo vivido, y siempre disfrutando del momento... con la única meta de ganar o simplemente pasárnoslo bien.
Todo tiene un límite. Toda situación tiene su momento y el de éste, ya ha pasado. Tengo las manos callosas de aferrarme a la cuerda, los cortes y quemaduras se quedarán en la piel por años; porque hemos aprendido mucho, sí, pero ha tenido un precio... y nunca he estado tan orgulloso de haberlo pagado.
Me miro en el espejo y me noto más viejo, más curtido... e incluso, más crudo. Las ojeras dejan ver unos ojos antaño vivos que ahora parpadean cual flexo en sus últimos días. La sonrisa, antes desmesurada, ahora está comedida por todos esos instantes que te roban la alegría para elevarla a su máximo exponente y al día siguiente arrancártela de cuajo.
Es sencillo, "vive hoy y muere mañana"... sin importar las secuelas, las caídas, los golpes, los fracasos, las desilusiones. Realmente creo que lo hago, mas los juegos de patio se tornan aburridos si los demás no quieren jugar, o si juegas en exceso. A mi ya no me apetece jugar; me gratifica haber tenido más fuerza y que el equipo contrario llegara a la línea divisoria, pero también me salpicó el barro mientras disfrutábamos.
Ahora que nos hacemos grandes los juegos se tornan unipersonales. Juegas tú y tu imaginación, tu deseo, tu ilusión. Cada uno tiene una idea en la cabeza que buscará cumplir... y ya es hora de que desempolve la mía, por enésima vez, para no variar. Porque las relaciones humanas se tornan un juego de pura psicología inversa, y habiendo visto lo predecible del mundo que te rodea, uno se da cuenta de que me vuelco demasiado en todo y así no hay quien se centre. Centrémonos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)