Estoy esperando la casualidad de mi vida. La más grande.
¿Y si un lugar es el fin de todo? ¿Y si hay un destino que te llama hacia ese círculo que tiene que rodear tu vida?
No hay destino. Hay casualidades. Pero quizás, esos casos fortuitos que pueden coincidir con un pensamiento que te ronda la cabeza últimamente o un comportamiento frecuente de hace poco tiempo atrás por decir, son marcas de un camino que puedas tomar para logar ese fin que te has propuesto.
Rompo una lanza a favor de las casualidades. Pongo en duda que sean meros hechos aleatorios coincidentes, y doi el beneficio de la duda. Pues eso me ha pasado con Rovaniemi al ver la película que da título a esta entrada.
Odio la cafetería de derecho. Quizás sólo me pasa a mí, pero la amabilidad y el don de gentes no son cosa que se vean mucho por la facultad de derecho. Mención aparte del café aguachirre que tienen.
Por eso ayer, como tenía clase entrado el mediodía decidí pasarme por la cafetería de la facultad de psicología. Esa cafetería barata, agradable y en la que me pasé prácticamente todas las mañanas del primer año desayunando antes de entrar a clase.
Esa cafetería en la que te sirven un barraquito diciendote buenos días, con una sonrisa de oreja a oreja y le ponen espuma y canela "regalo de la casa".
Es una tontería, lo sé, pero con gestos como ése, el mundo iría mucho mejor. Con gestos como ese, yo me paso sonriendo el resto del día. Porque al final las pequeñas cosas son las que cuentan...
Hay algo que me puede en esta vida, los ojos de las personas. Cuando veo por vez primera a alguien es cierto que no me fijo en los ojos, a no ser que seas puro ojos como los recién nacidos. Pero déjame 2 minutos, o una segunda ojeada, que después de terminar de escrutar las líneas faciales de dicha persona, de seguro me fijaré en sus ojos; y me quedaré embelesado.
Dicen que los ojos son los espejos del alma, no sé si será cierto, pero yo cuando observo unos ojos, veo el infinito, todo lo que ha pasado una persona lo han recogido esos minusculos orbes -su sufrimiento, sus alegrías. Todo-.
También me gusta verme reflejado en los ojos de otra persona, te hace sentir que no estás tu sólo en un mundo rodeado por marionetas ni actores cual Show de Truman... te hace sentir vivo, y feliz por no ser el único.
Aprecio cualquier color en los ojos. Desde unos ojos negros como el universo, pasando por unos "típicos" ojos marrones (típicos aquí, vete a Finlandia y flipa), que también tienen su encanto, siguiendo por unos brillantes y claros ojos azules hasta llegar a lo que para mí, es el máximo exponente en lo que a luceros de personas se refiere. Ojos verdes y grises. No puedo decantarme por unos, desde los que son verde-amarillentos cual felino a unos grisáceos de textura cristalina.
Y es que sólo en unos ojos puedes encontrar amor verdadero, fidelidad eterna, honestidad, complicidad, cansancio, dolor... Los ojos lo ven todo y lo dicen todo. Establecen lazos entre las personas, y las gafas de sol dificultan esas conexiones.
No tengo ojos verdes, ni mucho menos grises; pero me gustan mis ojos: pueden variar de una tonalidad avellana a la coloracion cuasi-oscura del tronco de un cerezo.
En fría noche de invierno, el alcohol llevaba exceso de velocidad. Conocerte no era una opción por aquel entonces, nunca una sonrisa y ojos mas curtidos que los mios me llamaron la atención; pues siendo sincero, nunca vi en mi jardín tan marchita y enigmática flor... Pero las cosas no son siempre como uno quiere, y el mundo siempre es mucho más pequeño de lo que parece.
La guitarra más vieja sonó en ese cuarto, los 60s y yo nunca hicimos buenas migas, salvo en contadas ocasiones. Ese día no. Vi el paraíso. vi una mente maravillosa en los ojos más oscuros que puedan haber existido en mi universo. Vi una mujer de letras a la que le entusiasmaba el cálculo. No supe ver tus defectos, excrutables desde un hectómetro de distancia. Por eso el líquido cefalorraquídeo, al igual que tu líbido, no cuajaron. Nos habremos equivocado en los ingredientes.
Aun así... Contigo la esperanza renació. El maltrecho callejón donde se guardaba estalló para asomarse por vez primera al mundo desde que fuera mayor de edad -mas con la ilusión de una quinceañera-. Contigo aprendí mucho en poco tiempo. No tenía el porqué pensar que el post-rock es una banda sonora de una película en calidad de contemporánea. Ni que la música Low-Fidelity tenía su encanto escuchándola con una almohada sobre la cabeza. Mis géneros eran otros, aunque compartieramos algunos.
Por eso, hoy, 4 meses después de haberte conocido y haber perdido... te doi las gracias Gorgona. Pues contigo aprendí a no varar mi amor por la música. Total, hay mas artistas que neuronas. Hoy, nuestros universos son distintos, pero iguales. _____________________
Nota: No me atrevería a calificar esta entrada de poesía, ni siquiera catalogándola como versos libres. Aún así, acepto que es extraño el texto, pero me apetecía escribir de forma ambigua. :__)
Un día puedes estar en lo más profundo del abismo, que al día siguiente tocarás el cielo con las manos.
Puedes estar hecho polvo día tras otro, que llegará un momento, un día en que te levantes y parezca que la gente te ve con otros ojos, de repente, ves posible el comerte el mundo y te sientes grande... porque nunca sabes el efecto que puede tener una sonrisa en otra persona... Por eso, hoy el mundo es un poco más brillante.