miércoles, 6 de abril de 2011

Coeur

Esto que os presento hoy, señores, es un corazón. Un corazón de pirata.

Como todos los demás, es perfectamente maleable; se adapta a su uso, y al cuidado que se le tenga. Pero este, el mío, el que os voy a enseñar a continuación, va más allá.

Como buen pirata, busca nadar en mares de felicidad, rodeado por ese tesoro que siempre ha anhelado y para el cual dedicará toda su vida. Suele vagar por diversas islas buscándolo, quedándose por más o menos tiempo en ellas, según estime necesario para encontrar dicho botín... Porque al fin y al cabo, aunque él mismo no lo quiera, esa es la vida del buen corsario: navegar hasta encontrar las riquezas que nos harán despreocuparnos de todo para el resto de nuestras vidas.

Pero nunca es así, siempre que encontramos un buen tesoro suele ser porque hemos naufragado tras una horrible tormenta... Por ello, heme aquí, en un hermoso y dulce islote de arena blanca, rodeado por unas aguas tornadas verde lucero... disfrutando a cada instante de esta suerte, de mi suerte; la que busqué y al fin encontré...
Pero como en toda historia, tiene una parte mala, una adversidad que para Disney será fácil de solventar, pero no para un escritor tan oscuro como yo... porque no puedo evitar que me asalten los demonios cada noche - que me cueste dormir por dudas que me asaltan de a diario.

Los bucaneros son rudos cara al mundo -ya sea su propia tripulación, como enemigos-; pero cobardes y egoístas en su intimidad... viven con miedo, a que se les descubra su verdadero ser y pierdan credibilidad, tienen miedo a su propia ambición, a que les consuma cual Rey Midas.

En mi caso, vivo con el miedo de no saber hasta qué punto necesito la música. No se si puedo vivir en ella, o necesito convivir con ella.

1 comentario:

  1. Shhh calla y háztelo, tenemos horas por delante para filosofar. Como diría el Capitán Barbarubia... Nos lo pasaremos pirata ;)

    ResponderEliminar