miércoles, 16 de febrero de 2011

Love comes like surprise ice on the water

¿Qué día es hoy, 16 de Febrero, no? Un día normal, como otro cualquiera. Al igual que hoy, hace dos días era un día como otro cualquiera, para mí y para tí. Para todos, aunque no lo quieran ver.

Pero ese no es el caso. Hoy podríamos decir que iba a hacer una entrada "Elle", pero pensándolo realmente, no es así. Hoy me permitiré el lujo de no hablar ni de una injusticia, ni una reflexión peculiar "típicas de la casa", ni ninguna banalidad similar con las que lleno el blog.



Hoy toca hablar directamente y sin tapujos de quien ocupa mi mente (y para los más románticos y ñoños, mi corazón) durante estos días, estos meses.
Desde hace unos ocho meses ya, me alegra las mañanas con sus mensajes, o las tardes con su mera presencia. Desde hace nueve, la conozco. Quizás, pensándolo, fue extremadamente precipitado todo... las arenas del tiempo fluyeron más deprisa que de costumbre esas dos o tres semanas. Pero bueno, no me arrepiento de nada.

No me arrepiento de haber arriesgado mucho, estaba en uno de los momentos más difíciles, a título personal, de mi vida. Caía en una espiral negra de depresión y pesimismo, de la que sólo unos pocos se daban cuenta, y aún así, no podían hacer nada. Había perdido ilusión por todo, y no encontraba un resquicio de luz, una pausa, en ese camino hacia el limbo más inexcrutable. No era ya la autodestrucción a la que nos sometemos todos en algún momento de nuestras vidas, ese paseo que damos en la cornisa de un acantilado no es equiparable a lo que sucedía. Alguien me había dado una patada en ese trayecto y me desequilibraba, me precipitaba hacia ese nivel que se encuentra justo debajo.

Podréis decir misa, pero vivimos para ser felices. Uno de esos pilares, por no decir prácticamente el único, es la búsqueda del gran amor (esa cosa "fea" pero que siempre perseguimos). Quizás no sea el mismo momento para todo el mundo, quizás no todo el mundo tenga esa esperanza en las personas; pero es así, vivimos para ser felices, y la mejor forma de lograrlo, la más plena es estando acompañado. No sé, realmente, podría afirmar que no sabía qué era eso -no en todo su esplendor-, hasta que la conocí. No digo que sea ese gran amor -aunque es inevitable que ahora mismo es lo que creo-, pues sería osado y de quinceañero ir por ahí promulgandolo; significaría que todas las relaciones pasadas no han servido para nada, pero es así como lo pienso.

Es perfectamente imperfecta. Es mi realidad, el momento en el que vivo; una de las razones por las que me levanto cada mañana, la razón para que en mi boca se dibuje una sonrisa es la idea de que ese mismo día, la puedo ver... que sé que está ahí cuando lo necesite. Mi apoyo junto con esos amigos que cuento con los dedos.

Con sus defectos y virtudes, es la que me acompaña estos días, la que me hace feliz. La que soporta mis tonterías de niño pequeño cuando brotan en mi interior, y la que saca su niñez cuando es necesario. La que soporta mis celos -que no son pocos- los tolera y hace lo imposible para disiparlos. La que demuestra resquicios de afecto y respeto incluso por aquellos que no lo merecen, cosa que está bien en algunos casos, pero no siempre. La que está pendiente siempre de tí, de todos; aunque muchas veces sin quererlo acabe cambiando de planes. Pero es que pretende estar en todos lados, ayudar a todo el mundo... y eso, señores, es del todo imposible; mas admirable porque sigue intentándolo.

Controla las normas de mi mundo, me tendió la mano en su día, cuando más lo necesitaba. Cuando necesité una conversación sincera y honesta, me la dio. Cuando necesité que me recordaran los valores por los que lucho, aquellos en los que en su momento me costó seguir creyendo; me los recordó. Me hace ver la belleza en cosas cercanas, cuando sólo podía mirar más allá del charco. Me asentó algunos sueños que ya tenía y me creó nuevos...

La verdad es que tiene el poder -cual divinidad- de con un simple gesto derrumbar un mundo a medio construir, un mundo que se ha ido enfocando a ella.
Un mundo que se construye día a día, cuando me levanto y me preparo para terminar aquello que estudio que da sentido a mis creencias. Aquello que me permitirá trabajar en algo que habré de agradecer por el propio placer de saberme defensor de todo lo bueno y justo, que me permitirá emprender todo aquellos trayectos y viajes que enriquezcan y agraden a todos mis sentidos.
Ella, por su parte, hace lo mismo; estudia algo que le fascina, en busca de ayudar a las personas más necesitadas -cosa que ya hace de forma altruista, a su medida-. Cosa que conseguirá, porque otra cosa no, pero perseverante e inteligente, es un rato.

No sé lo que ocurrirá mañana, pues. Le daré las gracias si se queda conmigo -aún siendo demasiado pronto para saberlo-, siempre que ella y el tiempo así lo deseen. Y si no, si algún día desea que nuestros caminos no vayan parejos, le daré las gracias por devolverme la ilusión por una vida alegre, por rescatar mis valores; y porqué no, haberme hecho pasar el mejor verano que he tenido hasta ahora.

De momento, hay que darle las gracias a ese pescado con corona por lo que me hace ser, por no ser una "elle" más, y por sacarme una sonrisa cada día. =)


PD: La destinataria de este texto merecía un reconocimiento por mi parte, una muestra de agradecimiento por lo menos; cosa que no suelo hacer. He ahí el motivo de esta entrada; además, ya llevaba demasiados días hablando con demasiada tristeza.

3 comentarios:

  1. Me molan muchas cosas.

    Me mola que sigas escribiendo y (sí, va a sonar muy marica, qué se le va a hacer) verte cada día y recordar que hay cosas que merecen la pena. Te juro que llego cagándome en Dios a las ocho de la mañana, y un rato en la cafetería contigo y modestsage me quitan la tontería.

    Me mola verte así, feliz, contento, la puta alegría andante, con tu iPhone y tus aplicaciones y tus consejos y tus canciones.

    Me mola el tesoro que has encontrado, que es de esos que caen entre un millón, que vale más que cualquier otra que te puedas echar a la cara. Y sí es cierto que ayuda al primero que pasa, y que está ahí para levantar el ánimo y para alegrarse cuando hay que alegrarse.

    Me mola verlos juntos.

    Me molas, me mola, me molan :D

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  2. Pese a estar casi seguro de no ser santo de su devoción. Sólo por lo que veo que ha logrado hacerte sentir, veo la maravillosidad de su persona.
    Todo este tiempo eras el que esperaba y sin duda, has sido el mejor parado de todos. Simplemente, te lo merecías.
    Una entrada preciosa Jose.

    No tengo mucho más que decir la verdad...
    Tienes un 10.

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  3. Sinceramente todo lo que has dicho también yo se lo podría dedicar a esa persona que casualmente también me acompaña desde unos 8 meses. Vamos a valorar lo que se nos ha concedido, no sé si yo lo merezco o no, sólo sé que desde que estoy con ese alguien me siento capaz de todo. A mí ya se me había olvidado lo que era estar con alguien, sentir que alguien empieza a trazar su camino a tu lado y sobre todo, saber que tú le haces sentir lo mismo.

    Nos toca valorarlo y no llegar a ser tan cafres como para perderlo. Toca disfrutar, mañana puede que no.

    Un saludo y enhorabuena.

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