Demasiadas horas de estudio a mis espaldas. Mi cabeza se asemeja a una canción de Mars Volta: esotérica y abstracta hasta que duele. La gripe y los treinta grados de calor tampoco colaboran a hacer más llevadero este mes de estudio que queda.
Por eso mi mente se ha puesto a divagar, pensando en todos esos pequeños cambios que después de entrar en la universidad han pasado. Cosas buenas y malas, como en todos lados y en cualquier tiempo de tu vida. Pero quizás por las expectativas que le damos a esa nueva etapa, merezca mención hablar de ello.
De ahí que crea fervientemente que ya es hora de hacer balance sobre esas cosas que han sucedido y que me han llevado que a falta de tres semanas para acabar mi segundo año estudiando derecho, pueda decir que me agrada como se han tornado las cosas.
Del curso pasado no sabría que decir. Expectación sería la palabra que lo definiera bien. Me gustó que hubiera menos bobería que en los centros escolares, la verdad. El hecho de ser la Licenciatura de Derecho y sus 180 personas ayudaba, pero realmente me agradó que cada cual fuera a lo suyo. Lástima por los consecuentes distanciamientos de amistades importantes, aunque sirviera para darte cuenta de quién realmente estará ahí el día de mañana.
Pero esa no es la cuestión. La temática va hoy de segundo de derecho.
La estupidez que trajo consigo la asignatura de Derecho Matrimonial -así como el encargado de impartirla-, y la incompetencia de otros departamentos con profesores que se largan a mitad de curso, dejando materia pendiente. Otros que imparten asiganturas de las que yo, sin tener idea, puedo decir sin miedo a equivocarme que lo enseñado es erróneo, pues toca la moral. Clases magistrales en las que el alumnado no tiene ni voz ni voto, con temario que no sigue el programa y del que se tiene desconocimiento de dónde sacarlo... todo, vamos. Después nos quejamos si a los licenciados por mi universidad no nos contratan. ¡Lógico, joder!
Además, el comprobar que efectivamente, en la universidad también hay mucho conocido interesado que solo busca la competencia desleal para aprobar una carrera de la forma más sencilla posible. El poco incentivo a realizar derecho, que de por sí -para mí- tiene un gran interés, y lo extinguen de mala manera. La incompetencia gubernamental, no solo a nivel estatal sino a nivel autonómico, para repartir el dinero de las becas. Sucesos fortuitos y/o casuísticos en general, vamos...
Todos estos hechos provocaron en su día que me planteara cambiar de aires. De forma seria, además. Estaba todo planeado. Las convalidaciones a la orden del día. El destino, la universidad, los costes, las posibles residencias, la compañía, la distancia hasta la facultad... todo.
Sólo quedaba ultimar detalles: qué asignaturas serían las que cursaría, qué piso sería el elegido, si en Madrid cogería una guagua o un tren para llegar a la localidad universitaria, el día para hacer el traslado de expediente y la matrícula... actos insignificantes para algo de tal magnitud...
Pero la vida es un devenir de situaciones... casualidades. Muchas, unas tras otras. Se suceden a la vez o de forma consecutiva... "Podría unir mi vida uniendo casualidades". Y a mí me llegaron en un momento crítico. Dos, concretamente; una buena y otra mala.
La crisis económica es una realidad que se me tornaba "lejana"... no me afectaba directamente, mas sí a aquellos que hacen posible que yo estudie lo que quiero en la actualidad. Las dificultades están para superarlas, incluso las de índole monetaria. Y en mi mano está el poder colaborar dejando pasar Salamanca. Junio, el mes en el que se decidía todo, está por finalizar; y el dinero destinado a la universidad irá a parar a las arcas del Estado por su incompetencia... por hacer tan difícil, no a mí, no a mi familia -que también-, sino a todos los españoles en general, el sobrevivir día a día, mes a mes. Por esa nefasta gestión de una recesión que se veía venir desde lejos... 20 años de vida con bonanzas económicas tenían que pasar factura.
Por otro lado, un ángel caído del cielo. Tiene alas, créedme cuando os lo digo, aunque no se las podais ver... Un encuentro meramente casual que ha desembocado en una alegría desmesurada en apenas dos semanas, en una complicidad extrema. Una mente maravillosa y un corazón extremadamente noble han hecho tambalear mis cimientos... He aprendido mucho estos días, mas algo en especial: La vida, compartida, es más. Este ideal ha reescrito la máxima promulgada una vez en otra entrada de este blog denominada Cadenas, que hacía apología de la soledad.
Ella. Pocos días quizás para decir con certeza que vas a cambiar un futuro por alguien... pero dos semanas me dan para decir que, a día de hoy, soy feliz; y que me estoy volviendo adicto a unos ojos verdes... unos ojos -una persona- que realmente merecen la pena. Merecen la pena que me quede.
Hoy se hace oficial. Os jodéis porque me quedo en Tenerife.
Por eso mi mente se ha puesto a divagar, pensando en todos esos pequeños cambios que después de entrar en la universidad han pasado. Cosas buenas y malas, como en todos lados y en cualquier tiempo de tu vida. Pero quizás por las expectativas que le damos a esa nueva etapa, merezca mención hablar de ello.
De ahí que crea fervientemente que ya es hora de hacer balance sobre esas cosas que han sucedido y que me han llevado que a falta de tres semanas para acabar mi segundo año estudiando derecho, pueda decir que me agrada como se han tornado las cosas.
Del curso pasado no sabría que decir. Expectación sería la palabra que lo definiera bien. Me gustó que hubiera menos bobería que en los centros escolares, la verdad. El hecho de ser la Licenciatura de Derecho y sus 180 personas ayudaba, pero realmente me agradó que cada cual fuera a lo suyo. Lástima por los consecuentes distanciamientos de amistades importantes, aunque sirviera para darte cuenta de quién realmente estará ahí el día de mañana.
Pero esa no es la cuestión. La temática va hoy de segundo de derecho.
La estupidez que trajo consigo la asignatura de Derecho Matrimonial -así como el encargado de impartirla-, y la incompetencia de otros departamentos con profesores que se largan a mitad de curso, dejando materia pendiente. Otros que imparten asiganturas de las que yo, sin tener idea, puedo decir sin miedo a equivocarme que lo enseñado es erróneo, pues toca la moral. Clases magistrales en las que el alumnado no tiene ni voz ni voto, con temario que no sigue el programa y del que se tiene desconocimiento de dónde sacarlo... todo, vamos. Después nos quejamos si a los licenciados por mi universidad no nos contratan. ¡Lógico, joder!
Además, el comprobar que efectivamente, en la universidad también hay mucho conocido interesado que solo busca la competencia desleal para aprobar una carrera de la forma más sencilla posible. El poco incentivo a realizar derecho, que de por sí -para mí- tiene un gran interés, y lo extinguen de mala manera. La incompetencia gubernamental, no solo a nivel estatal sino a nivel autonómico, para repartir el dinero de las becas. Sucesos fortuitos y/o casuísticos en general, vamos...
Todos estos hechos provocaron en su día que me planteara cambiar de aires. De forma seria, además. Estaba todo planeado. Las convalidaciones a la orden del día. El destino, la universidad, los costes, las posibles residencias, la compañía, la distancia hasta la facultad... todo.
Sólo quedaba ultimar detalles: qué asignaturas serían las que cursaría, qué piso sería el elegido, si en Madrid cogería una guagua o un tren para llegar a la localidad universitaria, el día para hacer el traslado de expediente y la matrícula... actos insignificantes para algo de tal magnitud...
Pero la vida es un devenir de situaciones... casualidades. Muchas, unas tras otras. Se suceden a la vez o de forma consecutiva... "Podría unir mi vida uniendo casualidades". Y a mí me llegaron en un momento crítico. Dos, concretamente; una buena y otra mala.
La crisis económica es una realidad que se me tornaba "lejana"... no me afectaba directamente, mas sí a aquellos que hacen posible que yo estudie lo que quiero en la actualidad. Las dificultades están para superarlas, incluso las de índole monetaria. Y en mi mano está el poder colaborar dejando pasar Salamanca. Junio, el mes en el que se decidía todo, está por finalizar; y el dinero destinado a la universidad irá a parar a las arcas del Estado por su incompetencia... por hacer tan difícil, no a mí, no a mi familia -que también-, sino a todos los españoles en general, el sobrevivir día a día, mes a mes. Por esa nefasta gestión de una recesión que se veía venir desde lejos... 20 años de vida con bonanzas económicas tenían que pasar factura.
Por otro lado, un ángel caído del cielo. Tiene alas, créedme cuando os lo digo, aunque no se las podais ver... Un encuentro meramente casual que ha desembocado en una alegría desmesurada en apenas dos semanas, en una complicidad extrema. Una mente maravillosa y un corazón extremadamente noble han hecho tambalear mis cimientos... He aprendido mucho estos días, mas algo en especial: La vida, compartida, es más. Este ideal ha reescrito la máxima promulgada una vez en otra entrada de este blog denominada Cadenas, que hacía apología de la soledad.
Ella. Pocos días quizás para decir con certeza que vas a cambiar un futuro por alguien... pero dos semanas me dan para decir que, a día de hoy, soy feliz; y que me estoy volviendo adicto a unos ojos verdes... unos ojos -una persona- que realmente merecen la pena. Merecen la pena que me quede.
Hoy se hace oficial. Os jodéis porque me quedo en Tenerife.
Hope, Peace & Soul.
Al final terminamos haciendo lo que sentimos. Si sientes que debes quedarte, así ha de ser.
ResponderEliminarUn saludo.
"Podría unir mi vida uniendo casualidades"
ResponderEliminar"La vida, compartida, es más"
Sabes cuanto me gustan las citas.. pues te pongo un sobresaliente, desgraciado, han sido dos de las mejores que he leído en muchísimo tiempo.
Me alegro tantísimo por tí y por cómo te va todo que a la vez me deprimo de ver como he acabado yo..
PD: Aunque suene egoísta... saber que te quedas... digamos que me anima.. y no poco, a intentar volver a sonreír un poco ;)